Milei ya no juega de punto, sino de banca: chau Macabeos 3:19

Después de la elección de medio término, Milei entró en una zona completamente distinta a la que lo llevó al poder. Ya no puede apoyarse en el aura bíblica de Macabeos 3:19, ni en la narrativa del elegido que pelea solo contra los filisteos de la casta. Ya no es aquel diputado exótico que en 2021 se sacaba selfies frente al Congreso con Villarruel como única socia visible, sin gobernadores propios, sin intendentes, sin estructura y sin aparato territorial.

Más aún, para Milei llegó la hora de darle cristiana sepultura a su avatar de outsider. QEPD, fue lindo mientras duró. Hoy, guste o no, tiene un Imperio. Uno pequeño, heterogéneo, lleno de tensiones y agujeros, pero Imperio al fin.

Y con el Imperio llegan los problemas terrenales, esos que Roma experimentó mejor que nadie: gobernar provincias díscolas, administrar tributos, negociar con caudillos que piden recompensa por su lealtad, contener a los aliados excesivamente ambiciosos, tapar los baches de territorios inviables o directamente “incobrables”.

La épica celestial se evapora cuando la política se vuelve administración. Cuando se pasa de punto a banca. Cuando aparece la pregunta que ningún profeta puede esquivar: “¿dónde está la mía?”

El desafío imperial

Un Imperio nunca es sólo expansión: es logística, contabilidad, fricción. Roma no colapsó por falta de gloria, sino por la imposibilidad de gestionar provincias que drenaban más de lo que aportaban.

La épica celestial se evapora cuando la política se vuelve administración. Cuando se pasa de punto a banca. Cuando aparece la pregunta que ningún profeta puede esquivar: “¿dónde está la mía?”

milei ya no juega de punto sino de banca

Nuestra Argentina de 2025 no es muy distinta: gobernadores que piden fondos (sean del Tesoro Nacional o provenientes del recuperado crédito externo -¡atenti aquí!-), territorios quebrados, intendentes que viven de la coparticipación, provincias que dependen de la obra pública que Milei cortó con motosierra pero que, tarde o temprano, tendrá que reabrir si la pretensión es sostener una gobernabilidad mínima.

Y ahí surge la paradoja: cuando sos Imperio, no podés decir que no a todos. No hay guadaña que alcance. Milei, que soñaba con ser un Atila anarco-capitalista, está obligado a transformarse en Augusto: administrar, no incendiar.

Golosinas para pocos

Cuando llegó el Régimen de Grandes Inversiones (RIGI) muchos dentro del mileísmo respiraron: por fin había un botín, pequeño pero suculento, para repartir estratégicamente. No se trataba de reconstruir el Estado; se trataba de elegir ganadores quirúrgicos.

Y ahí aparece el caso perfecto: Neuquén, un territorio con apenas el 0,6% de la población argentina, pero con un subsuelo capaz de sostener gobiernos enteros. En un lugar donde hay más animales salvajes que votantes, las golosinas del RIGI pueden significar décadas de supervivencia para el siempre bronceado gobernador “Rolo” Figueroa.

Ese es el arte romano: a veces no hace falta conquistar una provincia, basta con darle a un gobernador la pepita de oro exacta. Pero el kiosco es chico, muy chico. No alcanza para todos los caudillos, para todos los aliados, para todos los silencios comprables. El RIGI reparte golosinas, sí, pero son pocas y la fila es larga.

El espejo de Macri

Y ahí aparece el espejo. El más incómodo. El que Milei preferiría no mirar. Porque Macri también tuvo su momento de brillo internacional. También sintió el respaldo norteamericano. También creyó que la estrella de la Casa Blanca lo convertiría en un administrador imperial capaz de ordenar un país con serios desafíos de gobernabilidad, por no decir ingobernable.

Ese es el arte romano: a veces no hace falta conquistar una provincia, basta con darle a un gobernador la pepita de oro exacta.

milei ya no juega de punto sino de banca

Pero ni siquiera los 45 mil millones de dólares del FMI -el préstamo más grande de la historia del organismo, un intento explícito de convertirnos en una suerte de Estrella 51 del hemisferio– lograron resolver lo básico: la manta era corta para la complejidad del territorio.

Ese es el verdadero espejo: Milei tiene el aval externo que tuvo Macri, la atención internacional que tuvo Macri, el acompañamiento geopolítico que tuvo Macri y enfrenta la misma geografía, la misma anarquía provincial, la misma turbulencia fiscal y la misma voracidad de aliados.

Si Macri fue un gerente que quiso ser estadista, Milei corre el riesgo inverso: un predicador que ahora debe ser gerente. Y el espejo no perdona. “Pero nosotros, a la inversa de Macri, somos ortodoxos en lo fiscal y heterodoxos en lo monetario”. De ahí a “esta vez sí” hay apenas un pequeño trecho. Pero mejor dejarle este debate a los economistas que, con el diario del lunes, son siempre Gardel, Lepera y, de bonus, el Polaco Goyeneche, in memoriam.

Los enanos crecen

Todo Imperio tiene su Octavio. Siempre. El heredero silencioso, el aliado de hoy que se vuelve problema mañana, el funcionario menor que descubre de pronto que puede ser mayor, el socio que ya no quiere ser socio, sino arquitecto del nuevo orden.

Si Macri fue un gerente que quiso ser estadista, Milei corre el riesgo inverso: un predicador que ahora debe ser gerente.

milei ya no juega de punto sino de banca

En La Libertad Avanza ya crecen varios. Algunos con territorio, otros con manejo parlamentario, otros con billetera, otros con ambición pura. El mileísmo, que nació como culto personal, inevitablemente se está convirtiendo en un ecosistema.

Y todo ecosistema genera criaturas nuevas. César nunca pensó que Octavio lo superaría. Milei tampoco debería subestimar a los suyos. Porque cuando hay banca, siempre crecen los enanos, empezando por un área metropolitana dónde las figuras políticas son siempre nacionales, por definición.

Ahí hay una larga lista de aspirantes que arranca con una Patricia Bullrich que viene de recibir un baño de popularidad en la ciudad de Buenos Aires, el patio de atrás del debilitado PRO. En segundo término, el hombre hoy más custodiado de la política argentina, el Ministro del Interior Diego “Colo” Santilli que sufre la marca pegajosa del amo de llaves de Karina Milei en el gabinete que desplazó al bueno de Guillermo Francos, Manuel “Fin” Adorni.

Y, porqué no, la larga lista de figuras de segunda línea como el intendente de Tres de Febrero Diego Valenzuela que, con cada vez mayor frecuencia, se lo ve caminando lejos de las calles de Tres de Febrero que quizás ya le están resultando tediosas y contrastantes con una Nueva York que, a raíz del fenómeno Zohran Mamdani, hoy toda la política argentina mira como un faro posible para transitar la desafiante aventura de construcción del posmileísmo.

¿Será ello parte del cálculo que estará realizando el hoy jarrón chino Mauricio Macri? Es decir, que el portal mágico al “segundo tiempo” se construya por vía de una suerte de amnistía de los garrochistas amarillos que saltaron a la cancha violeta, en conjunción con los pocos soldados fieles como María Eugenia Vidal, Martín Yeza y otros más que tozudamente continúan respondiendo a “Los Abrojos”.

Y, por cierto, no dejan de alimentar la ilusión de una derecha local moderada, al estilo de un José María Aznar que fue recibido en estos días como un prócer en el tradicional evento anual de fuerte tinte amarillo convocado por Abeceb, la consultora del ex ministro macrista Dante Sica.

Vale aclarar: una cancha que, a instancias del fin de época que alcanza al peronismo, podría ser todavía más propicia para un líder audaz que, distante del Chernobyl kirchnerista, se anime a conducir el proceso de reconstrucción de una vieja gran usina en ruinas, tal como lo hiciera Mamdani luego del bochorno demócrata del senil Joe Biden, coronado luego con la posterior derrota sufrida por la anodina Kamala Harris a manos del amigo, socio, protector y sostén americano de Milei Donald Trump.

Réquiem para el outsider

El cielo puede abrir un camino, pero sólo Roma decide quién lo transita. Y quien llega al trono descubre, tarde o temprano, que ninguna épica resiste la contabilidad del Imperio. Bien lo condensó Franz Kafka en esta frase hace más de cien años: «toda revolución se evapora y deja atrás una estela de burocracia”.

(*) Publicado en El Economista el 20 de noviembre de 2025.

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