Conurbanización de Buenos Aires

“No voy a permitir que la Ciudad se transforme en lo peor del conurbano”. Firmado Jorge Macri, Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde ya, conviene aclarar que ese tipo de frases no describen sólo una política, sino que apuntan a otra zona: invocar a un fantasma que permanece latente en la profundidad de, si cabe tal concepto, el “ser nacional”.

En ese plano, semejante declaración marida a la perfección con otra que pronunciara el ex presidente Alberto Fernández a mediados de 2021, aunque más abundante en detalles, así como en notas de color.

“Escribió alguna vez Octavio Paz que los mexicanos salieron de los indios, los brasileros salieron de la selva; pero nosotros los argentinos llegamos de los barcos, y eran barcos que venían de Europa, y así construimos nuestra sociedad”.

Por cierto, esa frase tan certera para describir a una porción, ¡insisto: a una porción!, de nuestra sociedad tan estrechamente vinculada a tres puertos europeos como Vigo, Génova y Nápoles; hoy resuena con mayor fuerza en medio del trance de una compatriota santiagueña calzando una tobillera en Brasil, a raíz de una acusación por racismo captada por cámaras del lugar que no dejan mucho espacio para las interpretaciones.

Nota al margen: con un sincero arrepentimiento que contemple su propio perfil profesional de abogada, en combinación con la siempre necesaria intervención diplomática y del poder político argentino; esa lamentable transgresión debería pasar pronto al baúl de los malos y ejemplificadores recuerdos.

Vale aclarar, el tema de la blanca y distinguida ciudad de Buenos Aires versus el conurbano, o de la europea argentina versus la salvaje América Latina; no tiene nada de nuevo, aunque en esta instancia vuelve con una fuerza particular, renovada, botoxeada y hasta ozempiczada.

Civilización y barbarie

Es el viejo fantasma argentino que amaga con salir, otra vez, de la caja: la Buenos Aires civilizada asediada por una Argentina supuestamente feral, brutal, encarnada y localizada geográficamente en el conurbano bonaerense.

Ese imaginario tiene una genealogía conocida. Se reactualiza a partir del profundo proceso migratorio iniciado a mediados de los años cuarenta del siglo pasado, primero desde el Noroeste y el Nordeste argentino; luego desde países limítrofes como Paraguay y Bolivia, encontrando en el conurbano bonaerense su principal epicentro y caja de resonancia.

El viejo fantasma argentino que amaga con salir, otra vez, de la caja: la Buenos Aires civilizada asediada por una Argentina supuestamente feral, brutal.

Conurbanización de buenos Aires

¿Cómo no habría de hacerlo, si allí habita cerca del treinta por ciento de un país estancado y pauperizado desde hace medio siglo? Para ser más precisos: dónde habita el 30% de una Argentina cuyo ingreso real per cápita no crece desde el año 1974.

Sin embargo, la frase del jefe de Gobierno excede largamente su coyuntura. Se inscribe en una ola de época que hoy se expresa sin pudor en las posturas de influencers digitales como Ramiro Marra o Beltrán Briones; ambos capaces de sugerir el desmonte, o incluso el bombardeo, de la Villa 31. “A nuestra derecha sólo la pared” parece ser el mantra de moda.

Por si queda alguna duda: no se trata ya de un conservadurismo clásico, sino de algo más crudo, más desatado y, porqué no decirlo, también más chabacano y baitero (el equivalente en las redes sociales del término “tribunero» del fútbol).

«PLAN» RAMIRO MARRA VILLA 31

Conviene detenerse ahí. Porque hasta figuras del pensamiento urbano conservador argentino, como Carlos María della Paolera, hablaban en la década del 30 de la ciudad y el conurbano como un “condominio”, es decir, el anverso y el reverso de un mismo organismo.

Esa idea, la ciudad como sistema indivisible, ha sido pulverizada por décadas de empobrecimiento, segregación y miedo. Pero no anulada. Apenas reprimida. Y todo lo reprimido vuelve, como fantasma. O, dicho de otro modo, lo que no entra por la puerta, se termina metiendo sin previo aviso, de prepo, por la ventana.

Argentina “feral”

No uso esa palabra de manera casual. Cuando escribo “feral” lo hago entre comillas, y no sólo por pudor conceptual. Borges nos da, en “Historia del guerrero y la cautiva”, una de las exploraciones más lúcidas de ese impulso que desarma la oposición entre civilización y barbarie desde adentro.

La idea de la ciudad como sistema indivisible ha sido pulverizada por décadas de empobrecimiento, segregación y miedo.

Conurbanización de Buenos Aires

Hay una frase que condensa ese movimiento inverso, casi intolerable para la mirada civilizada: “movida por la lástima y el escándalo, mi abuela la exhortó a no volver. Juró ampararla, juró rescatar a sus hijos. La otra le contestó que era feliz y volvió, esa noche, al desierto”.

Ese es el punto. El fantasma no es sólo el miedo de la ciudad a ser asaltada por lo otro. Es también el escándalo de descubrir que ese otro puede ser deseado. Borges narra dos movimientos simétricos y perturbadores: el del guerrero alemán que abraza la causa de la civilizada Rávena, y el de la cautiva inglesa que elige la Pampa y el desierto. Dos ímpetus inversos. Dos destinos que se espejan.

Borges nos da en “Historia del guerrero y la cautiva” una de las exploraciones más lúcidas de ese impulso que desarma la oposición entre civilización y barbarie desde adentro.

Conurbanización de Buenos Aires

Rávena aparece como “el día, los cipreses y el mármol”: un conjunto múltiple sin desorden, un organismo hecho de estatuas, templos, jardines, habitaciones, gradas, jarrones, capitales, espacios regulares y abiertos.

Del otro lado, la Pampa y la vida feral: los toldos de cuero de caballo, las hogueras de estiércol, los festines de carne chamuscada o de vísceras crudas, las marchas sigilosas al alba, el asalto a los corrales, el alarido y el saqueo, la guerra, el arreo caudaloso de las haciendas por jinetes desnudos, la poligamia, la hediondez y la magia.

“A esa magia se había rebajado una inglesa”, escribe Borges, con una precisión cruel. Cuán intercambiables suenan, en esa aseveración de nuestro prócer literario, las palabras inglés y porteño; ambas condiciones que se cruzaban en su propia biografía personal.

Ese movimiento, arrebatado y transformador, es el verdadero núcleo del problema. El liderazgo político puede trabajar mejor o peor esa conexión, siempre traumática, entre los dos mundos.

“A esa magia se había rebajado una inglesa”, escribe Borges, con una precisión cruel.

Conurbanización de Buenos Aires

Puede administrarla, sublimarla o exacerbarla. Pero no puede impedirla y, qué mejor ejemplo de ello, que el siempre magnético y escandalizador mundo del fútbol que denuncia diariamente Clarín con sus tapas cada día más intrascendentes.

Y, desde ya, dónde cabe preguntarse si el mandamás de AFA Claudio “Chiqui” Tapia incomoda por sus manejos administrativos, inclusive por el mundo siempre extravagante del fútbol del cuál es parte; o si los embates permanentes sobre él no tienen cierto tufillo al viejo clásico entre los “prolijos” versus los “feos, sucios y malos”, in memoriam Ettore Scola.

Porque no se trata de una decisión administrativa, sino de un ímpetu espontáneo: social, económico, cultural. Borges lo constata cuando habla de un continente implacable y de un “espejo monstruoso de su destino”.

Aquí el hilo se extiende más allá de la Argentina. El cineasta alemán Werner Herzog lo formula, décadas después, en “Burden of Dreams», cuando describe al Perú al que tanto aspira la conducción económica actual con Luis “Toto” Caputo a la cabeza, como un país inacabado al que sólo le faltan los dinosaurios.

BURDEN OF DREAMS, WERNER HERZOG

El eco es evidente: una tierra que transforma a quienes la pisan, que disuelve los proyectos importados, que devuelve a los hombres a una zona arcaica donde rige, en palabras del propio Herzog, “la armonía del crimen colectivo”.

Destino americano más que sudamericano

Ese destino no es exclusivamente sudamericano. John Ford lo narra magistralmente en el western “The Searchers”, así como el escritor británico Lawrence Durrell se lo escribe a Henry Miller desde Córdoba, cuando asimila la vida rústica pampeana a la de Texas.

Aquí resulta legítimo especular o, al menos fantasear, con una pregunta inevitable: ¿no habrá tenido John Ford, en 1956, a mano un ejemplar del cuento de Borges publicado en 1949? Borges admiraba a Ford; no sabemos si la admiración fue recíproca. Pero la coincidencia es demasiado precisa para ser casual.

Tal vez el llamado “destino sudamericano” sea, en realidad, un destino americano. A diferencia de la Europa hiper civilizada de Rávena o Yorkshire, las islas de civilización extrema como Buenos Aires, Nueva York o Boston; conviven, en este continente, con la cercanía inmediata de la intemperie: la doma, los caballos, el estiércol ¡y el fútbol! No como atraso a erradicar, sino como fuerza que atrae, que arrastra, que transforma.

“La conurbanización de la ciudad” no es, entonces, una amenaza externa que pueda conjurarse con discursos altisonantes o fantasías punitivas pa’ la popu.

Tal vez el llamado “destino sudamericano” sea, en realidad, un destino americano.

Conurbanización de buenos Aires

Es la manifestación contemporánea de ese ímpetu inverso que recorre nuestra historia. El fantasma no viene sólo del conurbano hacia la ciudad. También se filtra desde la ciudad hacia aquello que dice temer.

A modo de epílogo

El error y el peligro consiste en creer que ese proceso puede detenerse por decreto. El destino de este continente implacable no es la pureza ni el aislamiento, sino la mezcla, el conflicto y la transformación.

Negarlo no nos devuelve a Rávena. Apenas nos deja, una vez más, hablando solos frente al espejo monstruoso de nuestro propio destino.

(*) Publicado en El Economista el 7 de febrero de 2026.

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