El libro, el tren y la ruleta rusa

“Se le pasó el tren”. ¡Qué frase pobre! Supone que el tren era visible, que estaba ahí, que bastaba tomar envión y subirse.

Un tren sin ojos, sin un observador, sin una mirada de por medio, no es tren. Es paisaje. Jorge Luis Borges lo entendió en “La Biblioteca de Babilonia”: ella contiene todo. Pero un libro sin lector, sin intérprete, es sólo ruido.

Hablando de ruido, el genial trompetista y compositor Miles Davis aludió a la importancia decisiva no de las notas ejecutadas, sino de las omitidas. Por si no resulta claro: cuando queda en la cancha del intérprete la administración de los silencios que, en última instancia, son los que le brindan mayor o menor impacto a los sonidos.

Un tren sin ojos, sin un observador, sin una mirada de por medio, no es tren. Es paisaje.

el libro, el tren y la ruleta rusa

“No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre -¡uno solo, aunque sea, hace miles de años!- lo haya examinado y leído”.

MILES DAVIS

¿Libro total? ¿Último tren? Si hay alguna coincidencia entre esa formulación de Borges y aquella del saber popular, ella tiene que ver con el acceso a una puerta mágica dónde obtendríamos las respuestas a todas las preguntas, o el ticket a un destino que nos estaba vedado.

Pero si tal cosa o instancia existiese, igual no estaríamos exentos de la doble tarea de examinar, de leer o, en definitiva, de imaginar.

Indignidad perceptiva

En tal sentido, está claro que la totalidad o el acceso al último viaje, no garantizan sentido. Éste viene de la mano de la lectura. En ese plano, el novelista Michel Houellebecq habla del don perdido. De la oportunidad única. De la indignidad, pero no moral, sino perceptiva.

“La vida te ofrece una oportunidad a veces, se dijo, pero cuando eres demasiado cobarde o indeciso para aprovecharla, la vida recoge sus cartas, hay un momento para hacer las cosas y para abrazar una felicidad posible, ese momento dura algunos días, a veces unas semanas e incluso unos meses, pero sólo se presenta una única vez, y si quieres rectificar más tarde es simplemente imposible, ya no queda sitio para la esperanza, la creencia y la fe, subsiste una resignación suave, una piedad recíproca y entristecida, la sensación inútil y justa de que podría haber ocurrido algo, de que sencillamente uno se ha mostrado indigno del don que le acaban de hacer”.

“Cobarde”. “Indeciso”. Ahí el autor de “El mapa y el territorio” subordina la eventual existencia del “último tren” a una actitud que, en definitiva, bien vale asimilar al acto borgeano de examinar, de leer.

Houellebecq subordina la eventual existencia del “último tren” a una actitud que, en definitiva, bien vale asimilar al acto borgeano de examinar, de leer.

el libro, el tren y la ruleta rusa

No es que el momento no vuelva, que el tren pase. Es que no había mirada, o no aparecía la valentía y la decisión de un imaginario Tadeo Isidoro Cruz que asume que el otro es él, que no inventa nada, sino que reconoce.

Llegar a ser el que se es

En sintonía con ambos escritores, el filósofo Friedrich Nietzsche lo formula como proceso: llegar a ser lo que se es. No se trata de valentía ocasional. Se trata de estructura.

TARDE ESPECIAL AL RÍO

Sin esa minería previa de la lectura, del examen o de la actitud necesaria, el instante no pasa de ser la ruleta rusa experimentada por el temible Tommy Shelby con la Gran Duquesa rusa Tatiana Petrovna en la imperdible serie “Peaky Blinders”.

Nietzsche lo formula como proceso: llegar a ser lo que se es. No se trata de valentía ocasional. Se trata de estructura.

el libro, el tren y la ruleta rusa

Para ella, con esa minería personal previa, el instante es coincidencia: juega con la muerte sin temblar.

PEAKY BLINDERS

En contraste a esa actitud, a esa aproximación a la vida, los irlandeses dudan. No es cobardía física. Es inconsistencia interior.

A modo de epílogo

El destino no pide adrenalina.Pide lectura, examen. El libro total no es un volumen oculto. Es el instante en que tanto el lector como el acontecimiento coinciden.

No hay bala. No hay tren. No hay épica. Hay percepción. El tren no se pasa. Por el contrario, “la pregunta” es si logramos convertirnos en estación.

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