Hadad es señal de danza final

Mi tocayo Daniel Hadad ya encarnó antes este papel. En el 2001 no estaba en el centro de la escena, sino al costado, acompañado por dos micrófonos humeantes como Eduardo Feinmann y Antonio Laje, narrando el final de otro ensayo político fallido.

A decir verdad, “Después de Hora” no era el programa que tumbaba a De la Rúa: era el que anunciaba, cada noche, que el malogrado presidente que no fue ya estaba tumbado. Es decir, Hadad panelista, portador del mensaje, no protagonista.

DANIEL HADAD JINETE DEL APOCALIPSIS 2001

Más de veinte años después la escena se repite, solo que ahora algunas fuerzas, quizás presentes en la entrega de su título Honoris Causa en la Universidad de La Matanza, lo empujan al centro del ring.

“Después de Hora” no era el programa que tumbaba a De la Rúa: era el que anunciaba, cada noche, que el malogrado presidente que no fue ya estaba tumbado.

hadad: señal de la danza final

Semejante error, de haberlo, sería más bien de casting. Desde tiempos inmemorables, sabemos que el Arcángel portador de un mensaje raramente termina siendo quién ocupa el espacio del Nuevo Príncipe.

El tablero

Bergman filmó a un caballero jugando al ajedrez contra la Muerte para ganar tiempo, de ninguna manera la partida. ¿A quién, en su sano juicio, se le podría ocurrir vencer a la Parca? A lo sumo, se la entretiene por un rato.

Hadad candidato es esa jugada: no busca gobernar, busca que la actual partida, hoy casi tan crujiente como aquella de 2001, dure una mano más.

PARCA VERSUS CABALLERO, EL SÉPTIMO SELLO

La pregunta no es si puede ganar, sino la duda es a quién le está haciendo ganar tiempo, y cuánto.

En definitiva, el agujero negro que en medio de un proceso político traumático terminaría llenando la saga iniciada por Eduardo Duhalde y luego completada por el matrimonio Kirchner.

El Partido del Vacío

El Big Bang de Milei fue una explosión, y toda explosión tiene fecha de vencimiento. 2023 fue el estallido, lo que sigue es la expansión que se enfría.

El Arcángel portador de un mensaje raramente termina siendo quién ocupa el espacio del Nuevo Príncipe.

hadad: señal de la danza final

Ahí aparece Hadad, no como sucesor sino como mensajero, el Joe Black que toca timbre para avisar que el tiempo del personaje ficcionado por Anthony Hopkins se agotó, como el niño de Sexto Sentido que ve muertos políticos caminando y disimulando que siguen vivos.

No viene a ordenar el después, sino que viene a anunciar que hay un después de este Milei que languidece en medio de la entrega de premios ignotos que rememoran el sketch de Costa Pobre, donde el inmortal Alberto Olmedo posaba orgulloso con una banda presidencial que no representaba más que a sus amigos.

CUANDO LA MUERTE TOCA LA PUERTA

¿El equivalente actual de los beneficiarios del RIGI y Súper Recontra RIGI? ¿El selecto club de los Peter Thiel y Martín Varsavsky de la vida? Sin dudas.

A modo de epílogo

Pergolini le preguntó al Indio Solari, allá por 2007: “¿y si mañana es la última función?”. “Pues celebremos”, contestó.

Es la otra cara de la Parca: la que no asusta, dialoga. Como la Muerte de Nacha Guevara en El lado oscuro del corazón, que fuma, discute, hasta se enamora, antes de llevarse a Oliverio.

Hadad tiene algo de las dos: la que juega al ajedrez y la que fuma un cigarrillo antes de avisarle a Milei que el tiempo se acabó.

¿Candidato? Tanto como cualquier otro hijo de cristiano. ¿Arcángel de un lúgubre a la par que esperanzador mensaje? Eso seguro.

(*) Publicado en El Economista el 12 de agosto de 2026.

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