Apostillas de Amcham
Javier Milei: “la teoría económica y la evidencia empírica dicen que tengo razón: no existe trade off entre inflación y crecimiento o entre inflación y desempleo, salvo que ustedes engañen a los agentes. Por lo tanto, me asiste en esto también el análisis económico, la evidencia empírica y el caso argentino”.
Patricia Bullrich: “hagan sindicatos por empresa, anímense, anímense a contratar trabajadores que ahora tienen un setenta por ciento de descuento. Anímense a armar esta capacidad de poder tener el FAL, que es el Fondo de Asistencia Laboral”.
Hardware inglés, software criollo
En ciertos barrios del sur del conurbano bonaerense como Adrogué, Temperley o Monte Grande, todavía se puede encontrar un tipo humano que no figura en ningún manual de identidad argentina, pero que cualquier porteño reconoce de inmediato.
En particular, el descendiente de ingleses que habla castellano con acento de potrero, hincha de Racing o de Independiente, que asado mediante puede soltar un “bloody hell” sin darse cuenta y cuyo apellido suena a otra cosa, aunque su vocabulario, gestualidad y escala de valores son inconfundiblemente rioplatenses.
Hardware inglés, software criollo. El producto de un proceso que no fue ni asimilación ni resistencia, sino algo más interesante y más difícil de nombrar: disolución selectiva.
No eligieron cruzar. A diferencia de la inglesa sin nombre del cuento borgeano “La guerrera y la cautiva”, que un día da vuelta el caballo y elige la pampa; éstos descendientes no tuvieron un momento dramático de decisión.
Hardware inglés, software criollo. El producto de un proceso que no fue ni asimilación ni resistencia.
la pampa reformatea a Hayek
La pampa simplemente fue haciendo su trabajo, generación tras generación, borrando capas, reformateando su sistema, hasta dejar algo que no es ni lo que era, ni exactamente lo otro. Un animal nuevo, que juega al fútbol con la misma intensidad con que sus bisabuelos jugaban al cricket, y que probablemente no ve la diferencia.
Este fenómeno, que en Adrogué tiene algo de pintoresco y hasta de entrañable, Borges lo llevó en 1975 a su consecuencia más oscura y más perturbadora. Y lo hizo, como siempre, en pocas páginas y con una precisión que da vértigo.
Civilización sin contexto
«El Evangelio según Marcos» arranca con una premisa casi de cuento de hadas: Baltasar Espinosa, estudiante de medicina porteño, culto y gentil, queda varado por una inundación en el campo con una familia llamada Gutre.
Borges los describe con una economía que es también un diagnóstico: son descendientes de escoceses, tienen sangre indígena, hablan un castellano rudimentario, y conservan una Biblia que ninguno sabe leer.
La civilización que trajeron sus ancestros desde el norte de Gran Bretaña se fue disolviendo en la pampa durante generaciones, hasta dejar exactamente eso: el hardware, el apellido, la Biblia, el calvinismo como instinto, y casi nada del software original.
Espinosa, con la generosidad despreocupada de alguien que no calcula consecuencias, les lee el Evangelio por las noches. Los Gutre escuchan con una atención que él interpreta como devoción y que en realidad es algo más literal y más peligroso: reconocimiento.
La historia de un hombre bueno que cura enfermos, que habla con autoridad, que es traicionado y ejecutado por los suyos, empieza a superponerse en la mente de los Gutre con la figura del hombre que tienen delante. Y cuando la hija duerme con Espinosa, transgresión que en la lógica calvinista disuelta de aquella familia activa una cadena de consecuencias bíblicas, el circuito se cierra.
El final es brevísimo y atroz. Los Gutre construyen una cruz. Lo que sigue Borges no lo narra: lo sugiere con dos o tres detalles y deja que el lector complete la imagen. ¿Es una aplicación literal del texto sagrado, la recreación de la Pasión con el material humano disponible?
¿O es una represalia de sangre por la deshonra de la hija, revestida de forma bíblica porque es la única forma que esos inmigrantes tienen para procesar cualquier cosa?
En tal aspecto, Borges construye el cuento para que las dos lecturas sean simultáneamente verdaderas. Y ese paralelismo es lo más aterrador: cuando una civilización se disuelve hasta cierto punto, el gesto sagrado y el impulso de venganza dejan de distinguirse.
Lo que los Gutre le hacen a Espinosa no es barbarie en el sentido sarmientino, no es el impulso irracional del otro. Es algo más inquietante: es civilización ejecutada sin contexto, es decir, el Evangelio leído con una literalidad que ningún teólogo europeo se permitiría.
Es decir, la pampa no destruyó su herencia cultural, sino que la conservó intacta, como una mosca en ámbar, y la corrió en otro sistema operativo. El resultado es indistinguible de la violencia, pero tiene la forma perfecta de la devoción.
Ideas sin ecosistema
Alejo Carpentier vio el mismo mecanismo en el Caribe y lo narró en “El siglo de las luces” con una imagen que no se olvida: la guillotina llegando a las islas como objeto de exportación de la Revolución Francesa.
El Evangelio leído con una literalidad que ningún teólogo europeo se permitiría.
la pampa reformatea a Hayek
Los ideales ilustrados viajan en barco, libertad, igualdad, fraternidad, pero lo que desembarca con más eficiencia es el artefacto. La máquina, el instrumento técnico de la razón aplicada a la justicia.
Y la cultura política local, que tiene sus propias lógicas de poder, sus propias deudas de sangre, sus propias formas de entender la autoridad, lo absorbe y lo corre en otro sistema operativo.
El resultado no es la Ilustración en el Caribe. Es algo que tiene la forma de la Ilustración, el vocabulario, el ritual, el aparato, pero que responde a una gramática completamente distinta. La guillotina no democratiza la muerte: la caribeñiza.
Y lo hace con una eficiencia y una convicción que los jacobinos de París habrían reconocido como propia, sin advertir que ya no lo era. El paralelo con los Gutre es exacto y es feroz. En los dos casos una tecnología simbólica, el Evangelio, la guillotina, viaja de una cultura a otra y en el trayecto pierde el sistema de frenos que la hacía inteligible para sus creadores.
Lo que queda es el gesto puro: la cruz, la cuchilla. Ejecutado con total sinceridad, con total literalidad, sin la menor conciencia de que algo se perdió en la traducción. Esa pérdida invisible es la que produce los resultados más impredecibles y más violentos. No la mala fe, sino la buena fe sin contexto.
Y acá está el puente hacia la política argentina, que Carpentier intuía pero que la pampa ilustra con una generosidad inagotable: el problema no es que las ideas foráneas lleguen. En definitiva, éstas siempre viajan y más hoy en día en este mundo híper conectado en tiempo real.
En los dos casos una tecnología simbólica, el Evangelio, la guillotina, viaja de una cultura a otra y en el trayecto pierde el sistema de frenos que la hacía inteligible para sus creadores.
la pampa reformatea a Hayek
El problema es cuando llegan sin el ecosistema que las hizo posibles y son adoptadas con la literalidad entusiasta de quien encontró por fin el texto sagrado que estaba buscando. Cuando alguien lee el Evangelio por primera vez a los cuarenta años y decide que hay que construir una cruz.
La pampa haciendo su trabajo
La Argentina liberal del siglo XIX, la de Alberdi, la de la Generación del 80, la de “gobernar es poblar”, fue un proyecto genuino de trasplante cultural. Traer europeos, atraer capitales, replicar instituciones, adoptar ideas foráneas. El país como tabla rasa sobre la que escribir una civilización nueva.
El problema, que Sarmiento vio a medias y nunca resolvió, es que la tabla no estaba rasa. Tenía su propia gramática, su propia escala de valores, su propio sistema operativo. Y esta suerte de Windows Criollo reformateó silenciosamente todo lo que llegó, generación tras generación, con la paciencia infinita de la pampa.
El resultado fue la Argentina del siglo XX: un país que habla el idioma del liberalismo, pero piensa en criollo. Que tiene constitución republicana, pero practica el caudillismo. Que importa teorías económicas con entusiasmo mesiánico y las ejecuta con la literalidad de los Gutre leyendo el Evangelio.
El problema, que Sarmiento vio a medias y nunca resolvió, es que la tabla no estaba rasa. Tenía su propia gramática, su propia escala de valores, su propio sistema operativo.
la pampa reformatea a Hayek
Es decir, sin el ecosistema que las hizo posibles y sin los frenos culturales que las hacían inteligibles. Con la guillotina bien afilada y los mejores ideales del mundo. El gobierno de Milei es, en este sentido, un caso de manual.
No fracasa solamente por la inconsistencia del programa económico ni por el internismo desbocado, aunque ambos contribuyen con generosidad al desastre.
Falla también, y quizás principalmente, por una mala praxis cultural de proporciones épicas: la ilusión de que es posible ejecutar el liberalismo clásico del siglo XIX en una Argentina del siglo XXI, como si la pampa no hubiera estado reformateando todo lo que toca durante los últimos doscientos años, como si los Gutre fueran a leer a Hayek con los mismos ojos con que lo leyó Friedman en Chicago.
El gobierno de Milei falla también por una mala praxis cultural de proporciones épicas: la ilusión de que es posible ejecutar el liberalismo clásico del siglo XIX en una Argentina del siglo XXI.
la pampa reformatea a Hayek
La pregunta no es si las ideas liberales son buenas o malas. Es si existe en Argentina el ecosistema cultural que las hace funcionar. Y la respuesta que da la historia, la de los inmigrantes italianos que se hicieron peronistas, la de los calvinistas escoceses que terminaron crucificando a un médico en la pampa, la de la guillotina francesa que se volvió caribeña, es que ese ecosistema no se importa.
Se construye lentamente, con contradicciones, con los materiales que hay. Con el hardware que llegó y el software que fue creciendo solo.
A modo de epílogo
En ese aspecto, Argentina no es una anomalía ni un experimento fallido. Es un laboratorio donde todas las ideas del mundo van a descubrir lo que realmente son cuando se las corre en otro sistema operativo.
Algunas sobreviven transformadas y enriquecidas. Algunas producen resultados que sus creadores no reconocerían. Y algunas construyen una cruz con la madera que tienen a mano, con total devoción, sin entender del todo por qué.
Eso no es barbarie. Es la pampa haciendo su trabajo, como siempre.
(*) Publicado en El Economista el 18 de abril de 2026.


