Línea de flotación violeta

“Puede mantenerse a flote con cuatro compartimentos estancos rotos, pero no con cinco”. No tengo pruebas, pero tampoco dudas que muchos de los 400 millones de espectadores que tuvo Titanic a escala mundial, se deben estar haciendo esa pregunta respecto a las posibilidades del presidente Milei de sostenerse en el poder ante un eventual resultado adverso en las elecciones del próximo 26 de octubre. Más aún, cuando hablamos de una fuerza sin una estructura propia de gobernadores e intendentes, a la par de una tropa revoltosa de legisladores en permanente riesgo de fuga.

Para muestra, sobra el botón de Lourdes Arrieta, Marcela Pagano, Oscar Zago y, para completar el cuadro, la propia vicepresidente Victoria Villarruel que viene de la herejía de una foto con el dirigente formoseño que más ama odiar el antiperonismo inflamado a diario por la pantalla de TN y LN+: Gildo Insfrán. Ante semejante cuadro, todos buscan a Thomas Andrews, el ingeniero encarnado por el actor Victor Gorbin en el batacazo cinematográfico de James Cameron de 1997. Es decir, aquél con la capacidad de definir con precisión el momento del ocasional hundimiento del barco libertario.

Lamento decepcionarlos muchachos: no existe tal ingeniero de época, sino apenas un puñado de prestidigitadores que desfilan a diario por los medios de comunicación, elucubrando acerca del futuro de un partido político 100% digital que exhibe a menudo diversas fragilidades, a la par de fortalezas como el apoyo, ¿o abrazo del oso?, de quién administra la impresora mundial del mayor oscuro objeto de deseo argentino: los verdes crocantes. “Pero si Milei no pinta el país de violeta el próximo 26, ¿Estados Unidos igual lo llenará de dólares?”. Una conjetura válida, vale decir.

Pero tan legítima como recordar que al presidente Macri el Fondo Monetario Internacional le abrió la billetera por 45 mil millones de dólares tras pintar el país de amarillo en las elecciones de medio término de 2017, e igual el peronismo de turno encontró el espacio político para generar la superstición de “volver mejores”. “Siempre soñar, nunca creer, eso es lo que mata tu amor”, in memoriam Luis Alberto Spinetta.

Dedo imperial

En tal sentido, cabe deducir que la performance electoral de medio término del experimento Milei, hoy difícil de no encuadrar como el “Segundo Tiempo” soñado por el derrotado Macri en su libro “Primer Tiempo”; resulta irrelevante al momento de analizar el motivo del apoyo de la Gran Roma Moderna, al presente en decadencia y en riesgo de guerra civil en los términos del film de Alex Garland, pero Roma al fin.

Más aún, quizás no resulte tan fructífero abordar el análisis del entramado de intereses geopolíticos del Imperio a la luz de su competencia con la también Imperial China, como las inquietudes y, porqué no, los caprichos de un Trump que parece mirarse a diario en el espejo de un Emperador que le devuelve la imagen del populista Julio César, de su autócrata sobrino Octavio consagrado luego como Augusto, al igual que del carismático Nerón.

En ese terreno, se pueden hacer especulaciones tan extraordinarias como aquella elaborada por Jorge Luis Borges en Poema Conjetural acerca de lo que habría pasado por la cabeza de Francisco Laprida en el momento de su muerte. Pero, vale decir, ello no escapa del terreno hasta cabalístico que supone adentrarse en la conducta de un Emperador que actúa bajo la guía e inspiración de semejante trinidad política. En particular, cabe preguntarse quién recibirá al presidente Milei en el Palacio Imperial de Washington el próximo martes 14 de noviembre.

¿Será ese Trump populista que, en clave cesarista, sedujo al Estados Unidos profundo de los granjeros de Iowa y Arkansas con el estandarte America First? ¿Será ese Trump autócrata que, bajo inspiración agustina, imponga su fría evaluación contra viento y marea? ¿O será ese Trump que, en un arrebato neroniano, salga en auxilio del rockstar del Movistar Arena, es decir, de su alma gemela también forjada y modelada por la industria del entretenimiento?

Final en Roma

Quizás la verdadera incógnita no sea quién gane las elecciones argentinas, sino qué rostro del Imperio ingresará ese día al Salón Oval. Si el César del pueblo, el Augusto del orden o el Nerón del fuego. El 14 de octubre, cuando Milei cruce el umbral de la Casa Blanca, no sólo se definirá un encuentro bilateral, sino también qué tipo de Imperio quiere ser Trump y qué clase de vasallo está dispuesto a ser Milei.

De ser la primera opción, el ágape del próximo 14 quizás adquiera el rostro de un mezquino swap que no incomode a su base política suburbana. De consagrarse la segunda variante, el evento podría girar alrededor de la decisión de mayor voltaje político: cargarse sobre los hombros a la bipolar Argentina que, en las urnas, hasta podría rechazar un acuerdo monetario pactado en la moneda que los argentinos atesoramos en nuestros colchones.

El 14 de octubre, cuando Milei cruce el umbral de la Casa Blanca, no sólo se definirá un encuentro bilateral, sino también qué tipo de Imperio quiere ser Trump y qué clase de vasallo está dispuesto a ser Milei.

línea de flotación violeta

Tercera y última opción: que Trump y Milei terminen anunciando, a la par de algún auxilio financiero de ocasión, su presentación conjunta como teloneros musicales de la próxima Copa Mundial de Fútbol Estados Unidos 2026. ¿El hit seleccionado? Obviamente el preferido de Trump: YMCA de Village People. “There’s no need to be unhappy, young man, there’s a place you can go”.

(*) Publicado en El Economista el 8 de octubre de 2025.

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