Musk con M de Marx

Dos lecturas del fin del trabajo como mercancía

Musk, 2024

Un futuro donde nadie necesita trabajar para vivir. El trabajo se vuelve opcional, sostenido por una renta universal alta financiada por la abundancia que producen las máquinas.

Marx, Grundrisse, 1857

Cuando la ciencia y el saber social general, el «general intellect», se vuelven la fuerza productiva decisiva, el tiempo de trabajo directo deja de ser la medida real de la riqueza. La ley del valor, entonces, empieza a devorarse a sí misma.

El punto de contacto

Ahí se tocan sin saberlo. Los dos ven la misma grieta: si la máquina produce el excedente, el trabajo vivo deja de ser la unidad de cuenta del valor.

LA GRIETA DE MUSK Y MARX

Uno lo anuncia como liberación técnica; el otro, ciento setenta años antes, ya lo había leído como el momento en que el capital empieza a minar el piso sobre el que se sostiene.

La bifurcación

No es cuestión de medida, como cantaba Cortez. Es cuestión de título. Musk conserva la propiedad de las máquinas y regula el reparto del excedente por arriba: la renta como dádiva fiscal tolerada por el dueño.

Los dos ven la misma grieta: si la máquina produce el excedente, el trabajo vivo deja de ser la unidad de cuenta del valor.

Musk con M de Marx

Marx exige otra cosa: que el título de propiedad mismo cambie de manos, que el excedente sea social porque los medios de producción lo son. Entre esas dos frases no hay un matiz de grado. Hay una pregunta distinta.

La agencia

Falta preguntar quién administra. Musk no deja dudas: un agente único, el Estado o un fondo soberano, recauda y reparte. Estructura centralizada, casi técnica.

Marx, en cambio, no responde con una sola voz. En El Capital, y más en la tradición que deriva de él, la socialización tiende a leerse como propiedad estatal: el Estado como fiduciario de los medios de producción.

Pero en La guerra civil en Francia elogia lo contrario en la Comuna de París: mandatos revocables, sociedades cooperativas unidas regulando la producción según un plan común, sin aparato permanente por encima.

Ahí el agente no es uno solo arriba, sino muchos, horizontales.

La línea de fondo, entonces, no separa a Musk de Marx. Separa la agencia centralizada de la distribuida, y esa segunda grieta atraviesa al propio Marx.

El hermano menor

Como Hipnos y Thánatos, hijos de la misma Nix: comparten origen pero no destino. Uno es reversible, el otro no. La renta alta es el sueño que suspende el antagonismo sin resolverlo, que permite seguir viviendo bajo el mismo régimen de propiedad, apenas anestesiado.

La línea de fondo, entonces, no separa a Musk de Marx. Separa la agencia centralizada de la distribuida.

musk con m de marx

La socialización de los medios de producción es la muerte de ese régimen. El sueño existe, en parte, para evitar que llegue el hermano mayor.

A modo de epílogo

¿Dos paralelas que no se tocan, o un orden temporal donde un esquema sucede al otro?

Como Hipnos y Thánatos, hijos de la misma Nix: comparten origen pero no destino.

Musk con M de Marx

Ninguna de las dos. No hay una lógica que se despliegue sola hacia un desenlace escrito de antemano.

Hay una disputa abierta sobre de dónde sale la renta: si sigue siendo tolerancia fiscal sobre la ganancia de un propietario privado, el sueño se prolonga.

HIPNOS Y THÁNATOS

Pero si esa renta deja de ser dádiva y se financia como dividendo sobre el stock de capital colectivo, la hendija que abre el filósofo belga Van Parijs, entonces el hermano menor empieza, por otra vía, a parecerse demasiado al mayor.

Y todavía falta la otra pregunta: ese dividendo, ¿lo administra un Estado, o lo gestionan los productores mismos, como en la Comuna?

Ahí el hermano menor tiene dos caminos posibles hacia el mayor, no uno solo.

El sueño no sabe todavía si va a despertar, o si se va a volver la forma permanente de la vigilia.

(*) Publicado en El Economista el 31 de julio de 2026.

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