Olvídate de Europa, Pagni

Donald Trump prometió, sentado en el Despacho Oval y mirando a cámara, que si los republicanos ganan la Cámara de Representantes y el Senado en las legislativas de 2026 le dará 5.000 dólares a cada ciudadano adulto del país.

Y agregó que espera con ansias firmar los cheques.

La medida costaría alrededor de 1,2 billones de dólares, necesita al Congreso y se suma a otras promesas de cheques que nunca se pagaron.

Pero ese no es el punto. El punto es la forma. Ningún dirigente europeo podría decir algo así: la deliberación, el déficit y el qué dirán lo sepultarían antes de terminar la frase.

Si lo sabrá el peronismo, hoy reducido a la ruina, tras su última experiencia deliberativa, epistolar y cientificista encabezada por un Alberto Fernández que se habrá visto al espejo como una suerte de Felipe González criollo.

Trump lo dice como un personaje de western. Esto se hace, palo y a la bolsa.

En el otro extremo del tono, Carlos Pagni elogia a Córdoba: «venís a Córdoba y es como ir a una ciudad europea», «Córdoba es un país».

Trump lo dice como un personaje de western. Esto se hace, palo y a la bolsa.

olvídate de Europa, Pagni

Destaca la industria automotriz integrada con Brasil, el peso de la clase media, la universidad, la vida cultural. Es un elogio sincero y, para el sentido común argentino, certero.

Pero hay un huésped ilustre que pensó lo contrario y que, en lo más jugoso, nos dejó unas buenas pistas para interpretar lo que venía por delante.

El huésped

Lawrence Durrell llegó a Buenos Aires en noviembre de 1947 y en 1948 dirigía en Córdoba la filial de la Asociación Argentina de Cultura Inglesa.

Apenas instalado, le escribe a Henry Miller que Córdoba es una ciudad opaca. Mal augurio para el elogio de Pagni.

Sus cartas son menos literarias que diagnósticas: no describen paisajes, sino que detectan estructuras.

Caciques ambiciosos, un poder que no se legitima simbólicamente sino que se ejerce como función física.

Apenas instalado, le escribe a Henry Miller que Córdoba es una ciudad opaca.

olvídate de Europa, Pagni

El mando no necesita justificación; basta con imponerse. No hay tragedia moral ni resabio de culpa cristiana. Hay voluntad, territorio, cuerpo.

Ahí el europeo fracasa. No por falta de inteligencia, sino por exceso de equipaje: llega con la mente demasiado amueblada, con respuestas listas para preguntas que esta tierra nunca formula.

«Aquí uno no puede sufrir de angustia, apenas de depresión», escribe. Y agrega que este es un continente comunal, donde el alma individual no tiene dimensiones y todo es indescriptible en términos europeos.

Por eso su comparación decisiva no es con Europa, sino con los Estados Unidos de 1890.

Se lo escribe a Miller en marzo de 1948: la Argentina está llena de caciques ambiciosos que se disputan riquezas sin explotar, y los débiles terminan arrastrados contra el muro.

Una frontera, no una universidad. Durrell, autor del Cuarteto de Alejandría, entiende algo clave: América no es texto, es escena.

«América es un continente comunal, donde el alma individual no tiene dimensiones y todo es indescriptible en términos europeos».

olvÍDATE de Europa, Pagni

Dicho de otro modo: Pagni compara Córdoba con Europa para elogiarla; Durrell, que la conoció, la comparaba con los Estados Unidos de 1890 para entenderla, y reservaba el desierto de Texas para el futuro de Europa.

Sin lugar para los débiles

A ese mundo sin interioridad europea pertenece una figura que el cine fijó con precisión brutal: Anton Chigurh.

No sufre angustia ni depresión porque no hay en él desgarramiento alguno. No duda, no reflexiona, no interpreta. Actúa.

No es un psicópata psicológico sino algo más inquietante: una lógica encarnada, una secuencia de decisiones que se ejecutan con la frialdad de una ley natural.

ANTON CHIGURH IMPLACABLE

Los hermanos Coen entendieron lo que Durrell había intuido décadas antes: en ese territorio la tragedia europea no opera.

El sheriff de Tommy Lee Jones todavía pertenece al mundo de la angustia y la pregunta moral. Chigurh pertenece al mundo que no pide explicaciones, el que simplemente es.

Pagni compara Córdoba con Europa para elogiarla; Durrell, que la conoció, la comparaba con los Estados Unidos de 1890 para entenderla, y reservaba el desierto de Texas para el futuro de Europa.

olvÍDATE de Europa, Pagni

Y no es casual que la película transcurra en el desierto de Texas, el mismo con que Durrell comparaba el futuro de Europa: allí, como en la pampa que observó desde Córdoba, el poder no se discute, se manifiesta.

En marzo de 1948, respondiendo a un Miller que veía venir otra guerra, Durrell calcula que para cuando vuelva Europa será «tan interesante como el desierto de Texas».

Y en la misma carta formula el vaticinio: «¿qué especie de civilización vendrá? No lo sé, pero la respuesta la tienen los Estados Unidos, por extraño y monstruoso que una cosa semejante pueda parecerte».

El que piensa pierde

Aclaremos: lo que Durrell vio es más premonitorio que empírico. Una cosa es intuirlo en 1948 y otra verificarlo. Pero desde los años noventa la evidencia se acumula a su favor.

La Argentina de Menem se alineó con Washington hasta hacer de las «relaciones carnales» una doctrina; la de Milei lo hace con una devoción todavía más corporal.

«¿Qué especie de civilización vendrá? No lo sé, pero la respuesta la tienen los Estados Unidos, por extraño y monstruoso que una cosa semejante pueda parecerte».

OLVÍDATE DE EUROPA, PAGNI

Nada de eso es afinidad ideológica en abstracto: es la misma lógica civilizatoria.

Trump y Milei prosperan donde la explicación se percibe como debilidad y la mediación como estorbo.

«Usted está despedido» es el equivalente de «afuera» o «motosierra».

El gesto reemplaza al programa; la puesta en escena sustituye al sentido. Ambos concentran adhesión no por lo que dicen sino por lo que hacen, por cómo ocupan el espacio, por la violencia simbólica de su presencia.

Y si están obligados a argumentar, un día pueden decir A y al otro B, sin ponerse colorados. El cheque de 5.000 dólares es eso: no un programa, un gesto.

Desde un refugio en Adrogué

Durrell se llevó de la Argentina, al menos, una admiración: la de Borges, a quien incluyó entre sus escritores modelo.

Borges había entendido lo mismo desde el margen rioplatense. No necesitó viajar para advertir que Europa había dejado de explicar el mundo.

EUROPA VERSUS AMÉRICA

Lo supo desde la esquina, desde el duelo criollo, desde el cuchillero que avanza sabiendo lo que va a pasar.

Pero a diferencia de Durrell, no lo padeció: lo escribió.

Donde Durrell veía pérdida, Borges veía forma. Donde Durrell sentía incomodidad, Borges imaginaba a Tadeo Isidoro Cruz frente a su destino.

Lo entendió antes que nadie: cuando el mundo deja de explicarse, el poder ya no pertenece al que interpreta sino al que acepta su suerte, pone primera y avanza sin titubeos.

¿La hora de China?, a modo de epílogo

Cuando Europa dejó de explicar el mundo, América dejó de necesitar argumentos.

Cuando el mundo deja de explicarse, el poder ya no pertenece al que interpreta sino al que acepta su suerte, pone primera y avanza sin titubeos.

olvídate de Europa, Pagni

Durrell lo vio venir y no pudo habitarlo del todo. Borges lo escribió y le dio forma.

Los Coen lo llevaron al cine bajo la máscara de un asesino. El presente, simplemente, lo ejecuta.

Queda una pregunta: ¿repetirá China una transferencia semejante a la de Europa y Estados Unidos a mediados del siglo XX?

Parece que sí, en la medida en que avanza en casi todos los planos con la misma asertividad de la potencia que aún lidera, sin las explicaciones que llegan cuando ya está casi todo cocinado.

«OLVÍDALO JAKE, ES CHINATOWN»

Mientras tanto seguirá siendo, para Occidente, un Chinatown: lugar de reglas internas opacas, donde, como en la película de Polanski, la única sentencia posible es «olvídalo, Jake».

Olvídate de Europa, Pagni. Y mirá hacia dónde se escribe el futuro.

(*) Publicado en El Economista el 5 de octubre de 2026.

Posdata exclusiva para lectores de Cruce

Hace unos años estuve en los jardines del espléndido Hôtel Le Vieux Logis, en el pueblo francés de Trémolat.

Allí, la naturaleza está tan rigurosamente domada que los arbustos crecen con la simetría perfecta de esferas de billar.

HOTEL LE VIEUX LOGIS, TREMOLAT, FRANCIA

El orden europeo es estético, es tranquilizador, pero para un americano es también un territorio extranjero, casi asfixiante.

En ese paisaje no hay lugar para el misterio ni para el desborde; la razón humana le ha ganado la batalla al suelo.

El orden europeo es estético, es tranquilizador, pero para un americano es también un territorio extranjero, casi asfixiante.

olvídate de Europa, PAGNI

En nuestras tierras, en cambio, la geografía sigue siendo indómita. Por más que tracemos dameros coloniales, fundemos universidades o abramos cafés de estilo parisino, el asfalto es una delgada costra.

Abajo sigue latiendo la pampa infinita, esa escala comunal donde el alma individual europea se diluye porque no encuentra límites donde sostenerse.

Nuestras ciudades nunca serán europeas porque, como intuía Charly García, aquí la indómita luz del territorio siempre termina haciéndose carne en los habitantes y en su forma de ejercer el poder.

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