Pasión del domingo

El tipo puede cambiar de todo: de cara, de casa, de familia, de novia, de religión…pero hay una cosa de la que no puede cambiar: de pasión”. Pablo Sandoval, el inolvidable personaje de “El secreto de sus ojos”, lo dice con esa sabiduría que sólo tienen los borrachos lúcidos: hay pasiones que parecen inmutables, casi biológicas, grabadas en algún pliegue de la conciencia que nadie llega a explorar del todo.

Pero Argentina, laboratorio emocional, país-cábala, terreno fértil para lo imposible que sigue atrayendo descifradores de enigmas de todo el planeta, está mostrando algo más en estos días: que las pasiones no desaparecen, pero sí pueden ser derrotadas por otras más antiguas, más densas, más tribales.

EL SECRETO DE SUS OJOS

Un pasillo dado de espaldas al consagrado Rosario Central y a nuestro campeonísimo mundial “Fideo” Di María, un enojo con Tapia, una pelea entre Estudiantes, Verón y la AFA con el telón de fondo de las Sociedades Anónimas Deportivas, y de pronto aparece el fenómeno: gente que, por su odio político o personal hacia un dirigente, llega hasta la herejía de decir que quizás hubiera sido mejor que Kolo Muani le hiciera ese gol que evitó el “Dibu” Martínez con una estirada que quedó tatuada en la piel de miles de argentinos.

Por cierto, un deseo oscuro, un sacrilegio encuadrable en el artículo 119 de la Constitución Nacional: traición a la Patria, así de frente mar y sin derecho a juicio previo.

Gente que, por su odio político o personal hacia un dirigente, llega hasta la herejía de decir que quizás hubiera sido mejor que Kolo Muani le hiciera ese gol que evitó el “Dibu” Martínez

pasión del domingo

Para ser sinceros, este tipo de terremoto debajo de la camiseta albiceleste o de alguno de los grandes clubes ya lo vivimos antes. No yendo demasiado lejos, cuando Riquelme ganó la presidencia de Boca Juniors, algunos macristas dejaron de ir a la cancha o, de mínima, preferían perder goles antes que “darle de comer” al enemigo.

Nota al margen: cabe preguntarse si Javier Milei, de haber ganado el candidato macrista Andrés Ibarra las elecciones dónde el entonces flamante presidente de la Nación recibió sus primeros insultos cuando se presentó a votar, hoy estaría concurriendo a los partidos del ¿club de sus amores? o, al menos, si hubiera festejado el reciente triunfo sobre River Plate en su muy activa cuenta de X.

Volviendo al tema y, más lejos en el tiempo, cuando Maradona era un tótem que dividía, había quienes deseaban, tan en voz baja como con una intensidad feroz, que Argentina perdiera para no verlo triunfar.

Más aún, ¿habrán llegado al límite de caminar, guiados por sus bajos instintos, de la mano de aquella inolvidable enfermera que entró al césped a buscarlo a D10S en el fatídico y dudoso control antidoping del Mundial de Estados Unidos 1994? Ese es el misterio: ¿cómo una pasión puede devorar a otra?

Domingo e identidad

El fútbol es nuestra religión laica. Organiza la semana, el humor, las esperanzas y las desgracias. Uno va a la cancha como quien va a misa: a confirmar que no está solo, a participar del rito, a sentirse parte de un coro más grande que uno mismo.

La política, en cambio, ya no es programa ni propuesta: es teología. Define quién sos, con quién te asociás, qué pensás del mundo, a quién querés destruir. No discute realidades: crea dogmas. Y cuando dos religiones reclaman al mismo fiel, siempre gana la que ofrece una identidad más total.

MILEI VERSUS «CHIQUI» TAPIA

El macrista que dejó de gritar un gol de Boca cuando asumió Riquelme. El anti-Maradona que prefería ver perder a Argentina antes que ver consagrado a Maradona. El anti-Tapia que hoy reescribe la final del mundo como si fuera un error histórico. El mileísta que ve una economía floreciente y el peronista que ve un naufragio (o viceversa).

Y cuando dos religiones reclaman al mismo fiel, siempre gana la que ofrece una identidad más total.

pasión del domingo

El mismo gráfico, dos visiones irreconciliables. Ese choque no es racional. No lo es ni acá ni en Estados Unidos, España, Brasil o Italia. La neurociencia lo llama motivated reasoning: razonamiento motivado.

La mente no busca la verdad, busca proteger la identidad. Y entonces lo que pasa es esto: el fútbol te da pertenencia. La política te da salvación o condena.

El fútbol te dice “somos”. La política te dice “estamos en lo correcto”. Es más fuerte, más primitivo, más instintivo. Es un lenguaje que baja a las capas profundas del cerebro, dónde no se discute sino que se reacciona.

Argentina como territorio mitológico

A veces parece que vivimos dentro de un cuento moral permanente: un lunes podés ser héroe y el jueves villano eterno. El hincha y el votante son dos animales dentro de la misma persona, pero no siempre conviven en paz. Y cuando chocan, gana el que mejor narra el mundo. El fútbol narra alegrías. La política narra destinos.

Por eso duele tanto que algunos preferirían perder finales, campeonatos o incluso la gloria de nuestro astro radicado en la actualidad en Miami, con tal de no ver fortalecido a un adversario interno. No porque no amen al fútbol, sino porque otra pasión, más oscura y más profunda, está comandando la brújula emocional.

El fútbol narra alegrías. La política narra destinos.

pasión del domingo

Ahí es donde la frase de Sandoval se vuelve sospechosa: ¿y si no es que no podemos cambiar de pasión, sino que no sabemos cuál es la verdadera pasión que nos gobierna?

Team fútbol versus team política

La respuesta es incómoda pero real: gana la pasión que define quién soy, no la que define qué disfruto. Gana la pasión que organiza enemigos y aliados. Gana la pasión que toca lo moral, lo tribal, lo ancestral.

CHOQUE DE PASIONES

Gana la pasión que no se juega los domingos, sino todos los días. El fútbol es una religión. La política es una teología. Y en las teologías, como en toda guerra santa, la razón y el disfrute se vuelven daños colaterales.

Gana la pasión que organiza enemigos y aliados. Gana la pasión que toca lo moral, lo tribal, lo ancestral.

pasión del domingo

En ese plano, hoy para algunos la foto tradicional del mate tripartito entre Messi, De Paul y el “Chiqui” Tapia eclipsa o, de mínima, inhibe el goce por todos los momentos de gloria generados por nuestros campeones del mundo.

Pasión del domingo

En la Argentina los domingos se rezan en la cancha, pero los destinos se sellan en la política: Sandoval lo sabía en el fondo del vaso, Verón lo intuye en cada guerra de pasillos, Riquelme lo aprendió en la Bombonera, y Tapia lo disfruta desde su improbable trono.

FESTEJOS QATAR 2022

Maradona desafía a los dioses, Messi los domestica; pero es el hincha, ese animal dividido, quién decide qué pasión sacrifica para mantener viva la otra. Porque en este país, las pasiones no mueren: se comen entre ellas.

(*) Publicado en El Economista el 29 de noviembre de 2025.

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