La ciencia política, a diferencia de las ciencias exactas, no abre la puerta para la repetición de ensayos con certeza en cuanto a sus resultados. Qué mejor ilustración de ello que la pandemia del año 2020, una instancia dónde el sistema político, con una caja de herramientas vieja y destartalada, tuvo que reaccionar en tiempo real a un evento que dejó profundas huellas a nivel del comportamiento de sus actores sociales y gubernamentales. Por cierto, un terreno alejado de aquel dónde sabemos con evidencia que, bajo ciertas condiciones, el agua hierve a 100 grados de temperatura.
Por el contrario, quien se mueve en el terreno político como Milei, se encuentra con que, aún deseando con fervor reeditar el experimento Menem, hoy el mundo no empuja en la misma dirección de antaño y, a la par, debe gobernar en un contexto local dónde el público metabolizó la experiencia de ciclos políticos anteriores. En particular, que el difunto presidente riojano haya sido el artífice del segundo gran consenso democrático, el 1 a 1, no significa que éste emergiera como resultante de una disyuntiva entre estabilidad o democracia. Para muestra, sobra el botón de la reforma constitucional de 1994.
De igual modo, la administración Kirchner, aún parándose en contraposición al menemismo vía un nuevo trípode conformado por las jubilaciones, el salario mínimo y los programas sociales, igual reconoció por la negativa la importancia del virus inflacionario. En particular, con la intervención del Indec de 2007, el kirchnerismo reversionó un viejo adagio en estos términos: si no puedes con ella, ¡maquíllala! En definitiva, todo gobierno lleva de movida en sus tripas los gérmenes de su éxito y de su fracaso y, lo más importante, la mayoría se malogran más por las derrotas de visitante que de local.
Si con la democracia se hubiera comido, curado y educado como decía Alfonsín, su hijo Ricardo ya habría hecho un doblete presidencial. Asimismo, si con el 1 a 1 se hubiera podido escriturar la Quinta de Olivos, Zulemita Menem habría sido King Maker de algún bendecido por su varita mágica. ¿Y porqué no Máximo Kirchner apoyado en la biblia K de los derechos que se multiplican como los panes de Jesús? Sin embargo, estos 42 años de democracia dejaron una gran evidencia: los hits de ocasión se agotan, siendo hoy la pregunta del millón: ¿cuándo y cómo le ocurrirá a Milei?
Roba pero hace
Que Milei tendría en riesgo su localía entraba en los cálculos de cualquier economista serio. Reconozcámoslo: la herencia recibida por el autodenominado presidente liberal libertario fue calamitosa. No obstante, tampoco nos comamos el relato motorizado por el Mago del Kremlin. Menem asumió el gobierno en 1989 con 3.079% de inflación anual, en un contexto dónde los precios variaban en el mini trayecto entre la góndola y la caja del supermercado. A esta altura, resulta conveniente volver al punto de partida. Nadie se baña dos veces en el mismo río, in memoriam Heráclito.
Estos 42 años de democracia dejaron una gran evidencia: los hits de ocasión se agotan, siendo hoy la pregunta del millón: ¿cuándo y cómo le ocurrirá a Milei?
PUNTO DE QUIEBRE
En tal sentido, vale identificar un rasgo decisivo a la hora de contrastar ambas épocas. El tsunami, más que fuerza del cielo de Menem, provino de una Pax Americana jamás vista luego que, versionada localmente, habilitó la construcción de una hegemonía política de una profundidad reflejada en múltiples planos. Desde la activación de leyes de emergencia económica y de reforma del Estado, a un proceso de privatizaciones que, al año de arranque, ya exhibía el trofeo de uno de los grandes elefantes blancos estatales: Entel. Pero no nos detengamos ahí.
En realidad, esa faceta era apenas una más de un proceso político internacional dónde uno veía desde un México presidido por Carlos Salinas de Gortari, hasta un vecino Brasil por Fernando Collor de Mello. Hablando de “canciones nuevas”, a ellos y al hoy prócer riojano los hermanaba una partitura internacional que, con distintos estilos, tocaban todos sin excepción: privatización y desregulación. El mundo o, más bien, el gran hegemon Estados Unidos, empujaba como toro en ese sentido y, en definitiva, le brindaba un guión de época a cualquier gran aventura de política económica.
No obstante, aquél espíritu de reforma se extendió inclusive a un plano subnacional dónde Menem negoció con Alfonsín la autonomía porteña y Duhalde, del lado bonaerense, dibujó un nuevo mapa político del conurbano. En síntesis, los poderosos motores de un proceso de estabilización y reformas que se respiraba en el ambiente, le brindaron al riojano el músculo para absorber un sinnúmero de escándalos como los atentados terroristas, la explosión de la fábrica militar de Río Tercero, el Yomagate, el contrabando de armas, el “yo robo para la Corona”, Yabrán y tantos otros.
¿Nobel o Guinness?
Dejemos de lado la ambigüedad por un rato. El escándalo del memecoin Libra que envuelve a Milei a partir de un mensaje fijado en su muro de X que, días más tarde, abrió paso a una exhibición 7×24 de una galería de cripto lúmpenes y atorrantes locales e internacionales, en tiempos de Menem hubiera sido una nota de la página 40 del diario, eclipsada con seguridad por otros eventos mucho más pesados como, por ejemplo, aquél de 1990 conocido como Swiftgate que involucró nada más y nada menos que a la Embajada de Estados Unidos en Argentina. Vale remarcar, a “la Embajada”.
En una palabra, Menem tenía el suficiente músculo material para absorber cualquier piña política. Milei, al contrario de lo que él cree, sus fuerzas del cielo no emanan de ninguna súper efectividad conducente, sino de las expectativas de regeneración del tejido político que en este último mes parece empeñado en dinamitar, sin perjuicio de la eventual inercia positiva que lo puede hacer ganar por escándalo las próximas elecciones de medio término, tal como a Menem le siguió rindiendo el deme dos cuando no paraba de meterse goles en contra.
Todo ello con un agravante. La fortuna, in honorem Nicolás Maquiavelo, es un poderoso componente del éxito político en combinación con la virtud. En ese plano, el contexto mundial actual es radicalmente diferente a aquél de los 90. Para Milei, hoy su amistad tórrida con Trump no se traduce más que en la pulsera para acceder al sombrío meet & greet del Fondo Monetario Internacional. Por cierto, una institución que, de acuerdo a un informe publicado hace unos años por un think tank hoy afín al gobierno, Heritage, es sinónimo de equipos que descendieron, pero que jamás despegaron.
FMI, ¿qué mejor pequeña gran sigla para cerrar esta columna? ¿Les suena “lo mismo, pero más rápido”? Pues esta vez Milei fue a tocar la puerta en Washington 14 meses antes que Macri. No obstante, con la misma obsesión en común: la imposible restauración en este turbulento e incierto mundo de hoy, del poderoso motor de gobernabilidad menemista resistente a escándalos políticos de todos los colores. Nota al margen, ello tampoco podrá lograrse por vía de guardarlo a Cavallo en el placard, en una suerte de remake del método K con el Indec. “Si no puedes con el Mingo, ¡escóndelo!”
Para Milei, hoy su amistad tórrida con Trump no se traduce más que en la pulsera para acceder al sombrío meet & greet del Fondo Monetario Internacional.
PUNTO DE QUIEBRE
En tal aspecto, Milei más que al premio Nobel de economía, hoy parece encaminarse derecho hacia el premio Guinness a la mala praxis política, una dimensión que a Macri, aún en contra de lo que él manifestó en su libro, lo ayudó a amortiguar las consecuencias de un programa económico tan nostálgico del consenso dolarizador del 91, como irrealizable en un contexto dónde la incertidumbre marca a fuego la fase actual del proceso de globalización. Pandemias, guerras y crisis de los organismos internacionales: imposible un entorno más divergente del mundo color de rosa de los 90.
Por cierto, un momento dorado dónde uno de los personajes del film Good Bye Lenin aludía a esa sensación espontánea ante la caída de cualquier muro: “todo parecía posible”. Volviendo al presente, hoy Milei transmite que acusó recibo de la grave crisis que enfrenta a partir del escándalo por la cripto estafa a cielo abierto de Libra y los bloopers protagonizados por un Mago al que toda Argentina le vio los piolines, dejando el gobierno en manos de una Patricia Bullrich que no sólo empuña el garrote en las calles porteñas, sino también administra las zanahorias a los damnificados por la catástrofe de Bahía Blanca.
Milei más que al premio Nobel de economía, hoy parece encaminarse derecho hacia el premio Guinness a la mala praxis política.
PUNTO DE QUIEBRE
¿Funcionará ese torniquete político de emergencia? Claro que sí, pero vale decir que la crisis política comprende también la dimensión económica blanqueada con el anuncio de urgencia del acuerdo con el FMI, todo ello en simultáneo al percance más crítico de todos para los libertarios: la pérdida del control de la calle que importa para ellos, que no es la calle que hoy controla Bullrich con gases lacrimógenos, sino el mundo digital dónde la sucesión de derrotas ya excede al mes. Para Milei, llegó la hora de barajar y dar de nuevo con la desventaja de que, eliminadas las PASO, octubre queda lejos.
(*) Publicado en El Economista el 16 de marzo de 2025.
