Sin plan V, a los Milei les queda el plan B

Cuando el ciclo de Mauricio Macri empezó a desinflarse en las encuestas en 2018, el sistema político argentino activó un suave murmullo que, casi de forma refleja, representaba una suerte de mecanismo de autopreservación.

No fue una decisión de nadie en particular: fue el mercado político construyendo una salida. María Eugenia Vidal, entonces gobernadora de la provincia de Buenos Aires, comenzó a sonar como alternativa viable.

No porque alguien la lanzara formalmente, sino porque el espacio necesitaba sobrevivirse a sí mismo y ella reunía las condiciones: perfil propio, presencia en la áspera provincia de Buenos Aires y el lógico desgaste de un gobernador siempre inferior al del presidente.

Hoy el escenario tiene una geometría diferente, pero una lógica idéntica. Las encuestas muestran una caída sostenida de Javier Milei. Tanto Atlas Intel, termómetro de referencia de la opinión pública, como la Universidad de San Andrés, entre muchas otras, registran números que seguro prenden luces de alerta en el tablero de control del Gago del Kremlin.

En este contexto, la pregunta que el sistema se formula naturalmente es la misma de siempre: ¿hay un nuevo plan V? La respuesta es no, pero no por ausencia de figura, sino por una ruptura que clausura esa puerta de modo categórico.

ENCUESTA ATLAS INTEL

En ese plano, no hace falta una indagación profunda para constatar que Milei y Villarruel, quizás más Karina que Javier, se distanciaron irreversiblemente, quedando hoy la vice en un plano dónde existe constitucionalmente, pero está políticamente muerta para el proyecto de los hermanos Milei.

De tal modo, la única forma en que la vieja compañera de ruta podría llegar al poder no sería por una sucesión ordenada, sino por la destitución del actual presidente.

ENCUESTA UNIVERSIDAD DE SAN ANDRÉS

Es decir, su upgrade no sería en ningún caso parte de un plan, sino resultado de una catástrofe que, como toda debacle, resulta imposible de prever su desenlace. Por si no quedó claro: el plan V, en este ciclo, está vedado por su propio nombre.

Las encuestas como síntoma

Aquí está el giro argumental que importa: hoy no se habla de plan B porque baje la popularidad en las encuestas, sino que suena el plan B, por Patricia Bullrich si hace falta aclararlo, porque hay una fragilidad estructural que las encuestas apenas hacen visible.

¿De qué debilidad se trata?: el programa económico de La Libertad Avanza no genera confianza inversora, se trate del local que hoy deja la plata en el colchón, el canuto, o el internacional que anuncia, compromete, viaja, da declaraciones, pero no ejecuta o, por ahora, apenas deja sus promesas escritas sobre el bidet del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, RIGI.

El programa económico de La Libertad Avanza no genera confianza inversora.

sin plan v, a los Milei les queda el plan b

El gobierno, ante esta evidencia incómoda, ha optado por una respuesta política previsible: echar mano al viejo reflejo antiperonista y cargar las culpas al «riesgo kuka«, es decir, a la amenaza latente del retorno kirchnerista como factor que espanta las inversiones cantantes y sonantes, esas que vienen con la rúcula en la mano.

Semejante coartada, estúpida por cierto, es un error político que Maquiavelo diagnosticó en El Príncipe: la fortuna, escribió, “es árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero nos deja gobernar la otra mitad, o casi”.

A FALTA DE PLAN V, A LOS MILEI
LES QUEDA EL PLAN B

Es decir, el Príncipe que atribuye sus fracasos a las circunstancias, o al adversario, está encubriendo su propia falta de virtù. Ningún gobernante puede administrar su poder transfiriendo indefinidamente su riesgo al rival. Solo puede controlar el suyo. Y ahí está el nudo: los hermanos Milei no lo están controlando.

Por el contrario, el oponente existe para disputar el poder, no para ser el responsable de los problemas del oficialismo. ¿O acaso piensa alguien en el oficialismo que el peronismo se convertirá de la noche a la mañana en un servicio de cuidado de ancianos o de niños?

El Príncipe que atribuye sus fracasos a las circunstancias, o al adversario, está encubriendo su propia falta de virtù.

sin plan V, a los Milei les queda el plan B

En este ámbito, lo único que un gobierno puede hacer es controlar su propio riesgo. Y ahí está el nudo: ello hoy no está ocurriendo.

La confianza inversora no se construye con épica libertaria ni con decretos desreguladores. Por el contrario, se edifica con previsibilidad institucional, con señales de largo plazo, con la certeza de que el programa sobrevive al humor del conductor. Y esa certeza hoy no existe, Milei no la genera.

“Tengo el cuero duro”

Patricia Bullrich no es una delfina. Esa es, precisamente, su fortaleza. Su trayectoria política es más larga y más accidentada que la del propio Milei. Fue durante años ministra de seguridad. Si de contabilidad se trata, fue responsable de esa área durante seis de los últimos diez años.

La confianza inversora no se construye con épica libertaria ni con decretos desreguladores.

sin plan V, a los Milei les queda el plan B

Asimismo, tuvo candidaturas por espacios distintos a lo largo de décadas, lo que en otro contexto sería leído como travestismo o inconsistencia, en Argentina puede ser interpretado y hasta valorado como supervivencia.

Una figura que ha acumulado desgaste, pero también una dureza institucional que los actores recién llegados no tienen. Por cierto, la experiencia que en un acto reciente en la Bolsa de Comercio de Córdoba le abrió la cancha para abrir su campaña nacional con una declaración política de alto voltaje: “tengo el cuero duro”.

«TENGO EL CUERO DURO»

¿Fue un lanzamiento político explícito? No, pero en política, a veces la disponibilidad se señala exactamente así: sin anunciarse, ante la audiencia correcta, con una frase que funciona como credencial.

Por cierto, el empresariado cordobés no es un público que se entusiasme con la épica: necesita señales de gestión, estabilidad y continuidad y, en ese plano, Bullrich tocó música para sus oídos. Especialmente, para los del presidente de esa institución mediterránea Manuel Tagle (h), quién atesora una vieja amistad y simpatía partidaria con Mauricio Macri.

El modelo de sucesión interna

2007 es un caso de manual que la política argentina tiende a citar mal. La lectura superficial dice que Kirchner «cedió» el poder. La lectura correcta dice que lo administró con una inteligencia que pocos gobernantes latinoamericanos han demostrado.

Lo que hizo Kirchner fue transferir el poder hacia adentro del núcleo duro, a su propia esposa, con perfil político propio pero dentro del mismo proyecto y se preservó como figura de retorno, así como garante de la continuidad del programa.

Luego se movió hasta 2010 con intenciones de candidatura que solo su muerte interrumpió. En resumen, la operación fue maquiavélica en el sentido técnico: no fue debilidad sino cálculo. No fue derrota sino extensión del poder por otros medios.

FRANK UNDERWOOD, UN PRÍNCIPE DE FICCIÓN

En este sentido, el esquema Milei-Bullrich sería una versión más compleja y considerablemente más riesgosa de esa lógica. Pasar el poder hacia un perfil que amplíe la base de sustentación sin romper el programa económico.

Más difícil, porque Bullrich no pertenece al núcleo duro ideológico de La Libertad Avanza. Más potente si funciona: agrega credibilidad institucional, perfil de gestión y, eventualmente, la confianza inversora que hoy falta. Es la diferencia entre una sucesión que consolida y una que simplemente prolonga la agonía.

Maquiavelo en la Rosada

En El Príncipe, Maquiavelo establece una distinción que los analistas políticos modernos suelen pasar por alto: los principados hereditarios y los principados nuevos tienen problemas radicalmente distintos.

El heredero no necesita demostrar nada, la costumbre trabaja a su favor. El príncipe nuevo, en cambio, enfrenta una crisis de legitimidad permanente. Ha llegado por ruptura, no por continuidad, y eso lo obliga a una virtù sostenida que el heredero no necesita ejercer.

Milei es, en este esquema, un príncipe nuevo en el sentido más literal. Llegó por audacia y por la fortuna de enfrentar a un kirchnerismo agotado. Pero la virtù para sostener ese poder, la habilidad política que no es bravura sino cálculo, es una cosa distinta.

El príncipe nuevo, en cambio, enfrenta una crisis de legitimidad permanente. Ha llegado por ruptura, no por continuidad, y eso lo obliga a una virtù sostenida que el heredero no necesita ejercer.

a falta de plan V, a los Milei les queda el plan B

Y el síntoma de que esa virtù flaquea no son sólo las encuestas: es la incapacidad de generar las condiciones institucionales que transformen el fervor inicial en confianza durable.

La solución maquiavélica no es el aferramiento sino la anticipación. En este sentido, el príncipe inteligente no espera que la crisis lo desborde: prepara la transición antes de que sea inevitable.

Un plan B no es una derrota. Es, en la lógica del Príncipe, el único movimiento que preserva el poder del espacio más allá del conductor individual.

En este punto, la diferencia entre el macrismo y el kirchnerismo es instructiva. Por un lado, el kirchnerismo ejecutó su plan de continuidad a tiempo y con precisión.

Por otro lado, el macrismo llegó tarde a un seudo plan V, que no pasó de la pequeña, módica y tardía transgresión de incorporar al peronista Miguel Pichetto a la fórmula presidencial olvidando el precepto de que el tiempo, en política, siempre apremia más de lo que parece.

Al momento que se subió nuestro Frank Underwood criollo al carro político cambiemita, su aporte no trascendió mucho más allá de la valiosa picardía de sacarlo a Macri a la calle para evitar el colapso prematuro de un proyecto que se caía a pedazos.

A modo de epílogo

La pregunta no es si Patricia Bullrich va a ser candidata. Esa es la pregunta de la coyuntura. La pregunta de fondo es otra: ¿tiene La Libertad Avanza la inteligencia política para sobrevivirse a sí misma?

El kirchnerismo demostró que sí. El macrismo demostró que no, o al menos que no a tiempo.

Milei tiene ante sí exactamente el mismo dilema que Maquiavelo identificó para los principados nuevos: la legitimidad no se hereda, se construye; y cuando no alcanza para sostener al conductor, la única salida honesta es construir un vehículo que la transfiera.

A falta de plan V, el plan B hoy no se trata de resignación. Es, si se ejecuta bien, la única jugada maquiavélica disponible que, vale decir, no hay ninguna garantía de que funcione. Se trata de prueba error, como muchas cosas en la vida.

(*) Publicado en El Economista el 13 de abril de 2026.

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