Hay una tapa de un libro de Milan Kundera que jamás pude evacuar de mi cabeza. Antes que nada, por mi pasión de motoquero. Pero también por su imagen embriagante: una motocicleta inclinada en curva y, a solo unos pocos metros, un carro tirado por caballos.
No se persiguen entre ellos ni se ignoran, sino que conviven en un plano idéntico, en un mismo instante, sin que ninguno de los dos parezca fuera de lugar. Ahí, el novelista checo, consagrado a partir de “La insoportable levedad del ser”, usó esa imagen para hablar del tiempo, de la velocidad como forma del olvido. Nada más y nada menos que lo que me encontré de nuevo en Río Cuarto.
Vine a la zona oeste de la ciudad, en el corazón de la zona núcleo agropecuaria del país, y lo que vi fueron torres de veinte pisos proyectando sombra sobre calles donde todavía pasan ese tipo de carros o algún corsita viejo. No como reliquia, no como pintoresquismo, sino como dato.
Es decir, el carro y la torre comparten la cuadra con la misma naturalidad con que la moto y el vehículo con tracción a sangre coinciden en la ruta en aquella tapa de Kundera.
A esa coexistencia, robándole la palabra a un amigo, la llamé Rihattan: la fusión entre Río Cuarto y Manhattan que nadie formuló en un proyecto explícito y que, sin embargo, está ahí, levantada ladrillo a ladrillo tanto por el músculo financiero del agro, como por ciertos enjuagues enmascarados bajo la categoría pomposa de “intermediación financiera”.
El carro y la torre comparten la cuadra con la misma naturalidad con que la moto y el vehículo con tracción a sangre coinciden en la ruta en aquella tapa de Kundera.
Rihattan
Vale aclarar: no es un fenómeno menor ni acotado a la esfera local. En 2025, la actividad agropecuaria creció 6,2% y la intermediación financiera, el canal por donde la renta del campo se recicla en crédito, en depósitos, en torres, creció 24,7%.
Junto con la minería, esos tres sectores explicaron tres de los cuatro puntos del crecimiento del PBI argentino. ¿O sea que el país creció? Sí y, en buena medida, desde acá: desde esta vereda donde la grúa tapa el horizonte y el carro dobla en la esquina sin que nadie lo fotografíe, porque para los vecinos de Río Cuarto eso dejó de ser una contradicción hace mucho. Es simplemente el paisaje.
Vale aclararlo: el panorama de una maravillosa ciudad que cuesta dejar atrás en cada una de mis visitas.
AñeDoha
En este sentido, la foto de Rihattan seduce porque parece confirmar una hipótesis que circula con fuerza en el análisis político local: que la Argentina profunda sostiene a Milei, mientras el Área Metropolitana de Buenos Aires lo erosiona. Y en ese terreno, el Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Torcuato Di Tella parece darle la razón.
El mal llamado interior del país ha liderado ese índice de manera consistente a lo largo de toda la gestión libertaria. En abril de 2026, tomando diciembre de 2023 como año base, las provincias marcaban 107,4 puntos contra 96,3 del GBA, es decir, una brecha de más de once puntos que los analistas leen, lógicamente, como la geografía del consenso mileísta.
La foto de Rihattan seduce porque parece confirmar una hipótesis que circula con fuerza en el análisis político local: que la Argentina profunda sostiene a Milei.
rihattan
Hay algo de verdad en esa lectura. Pero tiene el defecto de todas las fotos satelitales: desde suficiente altura, al igual que desde un café de especialidad de Chacalermogiales, el territorio se aplana y las grietas desaparecen. Pero ojo, y lo digo con mi DNI cordobés, “el interior” no es una unidad, sino que es un agregado que incluye la zona núcleo y el NOA, Vaca Muerta y la Puna, Río Cuarto y Añelo.
Y Añelo, para quien no haya estado como yo en una gira con “La hora del federalismo” en 2022, es una lección que ningún indicador agregado enseña del todo: un pueblo sin gas natural domiciliario a metros del yacimiento no convencional más grande del hemisferio sur.
Desde suficiente altura, al igual que desde un café de especialidad de Chacalermogiales, el territorio se aplana y las grietas desaparecen.
Rihattan
Lo vi de cerca en aquel recorrido inolvidable que incluyó sitios maravillosos como la Bodega Familia Schroeder, la Bodega Humberto Canale y charlas mano a mano con los recolectores de manzana rionegrinos: había familias calentándose con garrafa en el perímetro de la mayor apuesta energética del país.
Pues si Río Cuarto es Rihattan, Añelo merece su propio neologismo: AñeDoha, tal vez, o el emirato sin agua corriente.
La contradicción, entonces, no corre de este a oeste del mapa, sino que va de arriba hacia abajo, dentro de cada territorio. No se trata del AMBA versus las provincias: es el enclave contra la periferia, en todas partes y al mismo tiempo.
Ahí Rihattan no es la excepción cordobesa al atraso nacional, sino que es el patrón. Y ahí éste dice algo más incómodo que la grieta geográfica: dice que el crecimiento llegó, que los números son reales y que, sin embargo, algo no alcanza para convertir ese crecimiento en otra cosa.
No se trata del AMBA versus las provincias: es el enclave contra la periferia, en todas partes y al mismo tiempo.
Rihattan
Lo llamé en una nota reciente en este mismo espacio, el país del umbral: el que está siempre a punto de cruzar y nunca termina de hacerlo.
Crecimiento sin desarrollo
Hay una distinción que la economía clásica estableció con precisión y que el debate argentino tiende a colapsar cuando le conviene: crecimiento no es desarrollo. El crecimiento es el número del PBI, la grúa, la torre, el precio de la soja.
El desarrollo es la capacidad de un territorio de convertir esa riqueza en condiciones que se distribuyen, que perduran, que transforman la vida de quienes no trabajan en el sector que crece.
Son procesos relacionados pero no idénticos, y la distancia entre uno y otro no la cierra el mercado solo. La obtura, históricamente, una arquitectura institucional que nadie en el actual gobierno parece considerar parte del trabajo y quienes sí dicen valorarla, están en su mayoría flojos de credenciales para construirla y más desprestigiados que los convictos del penal de Sierra Chica.
Aquí vale decir, el programa económico de Luis Caputo resuelve bien lo que se propuso resolver: estabilidad macro, señales de precio al sector privado, estímulos sectoriales acotados al perímetro del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones.
Es decir, es un programa de crecimiento por enclaves. Funciona donde hay renta extractable y actor privado con músculo para hacerlo. Pero los enclaves, por definición, tienen bordes. Y del otro lado del margen empieza el territorio donde la mano del privado llega tarde, llega débil o directamente no llega, porque no hay negocio suficiente para justificar el viaje.
Es un programa de crecimiento por enclaves. Funciona donde hay renta extractable y actor privado con músculo para hacerlo.
Rihattan
En ese terreno, aparece la pregunta que el anarcocapitalismo de facto nunca termina de responder: ¿quién ordena? ¿Quién garantiza los derechos de propiedad en las zonas donde el Estado se retiró antes de que llegara el mercado?
Tucídides lo formuló con una brutalidad que no envejeció: donde los contratos no tienen garante, nadie invierte en lo que no puede defender. No es una observación moral. Es una descripción del comportamiento racional bajo incertidumbre institucional. El capital no es valiente. Va donde las reglas son predecibles. Y las reglas no se vuelven predecibles solas.
Quién tenga duda de ello, siempre está a tiempo de ver uno de los mejores westerns de la historia del cine: el hombre que mató a Liberty Valance.
Tucídides lo formuló con una brutalidad que no envejeció: donde los contratos no tienen garante, nadie invierte en lo que no puede defender.
Rihattan
Para que, en el extremo, tenga validez la inmortal frase de Tom Doniphon, “aquí, cada uno resuelve sus propios problemas”, tiene que haber alguna fuerza del bien que resuelva previamente “el” problema: limpiar el terreno de los Liberty Valance de la vida, in memoriam John Wayne.
Duda al margen: ¿serán los tecno monarcas estilo Peter Thiel parte del problema o de la solución? Más aún, ¿será la hora de tomar en serio la propuesta del súper magnate Elon Musk en cuánto a la implementación de una “renta universal alta” que, en clave Henry Ford, contempla las dos puntas del problema, la producción en cabeza de la inteligencia artificial y el consumo garantizado por vía de aquel mecanismo “salarial”?
Volviendo al tema, Milei definió su proyecto con una imagen que él mismo eligió: el topo que destruye el Estado desde adentro. La imagen tiene su lógica si uno cree que el Estado argentino era puro obstáculo. ¡Y en cierto modo sí que lo era! Pero hoy el topo, más que topo, parece el bombero loco, no distinguiendo con claridad qué parte del fuego apagar y cual dejar a salvo.
Y en el territorio que recorrí, lo que falta no es menos Estado: es el Estado mínimo que incluso Hayek consideraba indispensable, el que administra derechos, el que hace cumplir contratos, el que llega antes que la grúa para decir de quién es el suelo sobre el que va a apoyarse. Sin eso, Rihattan no es promesa, sino apenas un campamento muy caro.
Del enclave a la ciudad, a modo de epílogo
Kundera no resuelve la tensión de su tapa. La moto y el carro tirado por caballos no llegan a ningún lado juntos. Simplemente están, suspendidos en un instante que la imagen vuelve eterno.
Eso es lo que me inquieta de Rihattan: no la coexistencia en sí, que tiene su propia belleza áspera, sino la naturalidad con que la aceptamos como destino, en lugar de leerla como diagnóstico.
El crecimiento llegó. Los números de 2025 son reales y no son menores. Las torres de la zona oeste de Río Cuarto no son cartón pintado. Pero el carro, o el viejo fitito, que dobla en la esquina tampoco es folklore: es la evidencia de que la riqueza que financia esas torres no encontró todavía el dispositivo que la convierta en algo más que torres.
Ese dispositivo no es el mercado, que ya hizo su parte. No es el RIGI, que es un instrumento para atraer inversión a los enclaves, no para derramarla hacia afuera. Es algo más antiguo y más difícil: una institucionalidad que transforme renta en capacidad territorial, extracción en desarrollo, enclave en ciudad.
La grieta real de la Argentina no es el AMBA contra las provincias, sino que es la división que corre, invisible y transversal, entre los que están dentro del enclave y los que miran desde afuera.
Esa grieta, más bien abismo, existe en Río Cuarto, vive en Añelo y probablemente subsiste en cada rincón del país donde el crecimiento llegó antes que las instituciones capaces de administrarlo.
Y mientras no tengamos una respuesta para eso, seguiremos produciendo Rihattans: prodigios locales, heterogéneos, deslumbrantes y, en el fondo, profundamente solos.
En definitiva, la moto y el coche de caballos conviven, pero no van al mismo lugar.
(*) Publicado en El Economista el 15 de mayo de 2026.




