Volver como farsa

No era verdad, pero no se puede negar que la farsa estuvo bien pensada, que era verosímil. De entrada, Milei hablaba de Menem como “el mejor presidente de la historia”. Más aún, tal calificativo se extendía también al hoy maldito Domingo Cavallo, ministro de economía récord en cuanto a la permanencia en la gran silla eléctrica de la política nacional.

Al margen de ello, el negacionismo kirchnerista de la identidad peronista de Menem reforzó la credibilidad de la narrativa mileísta. En tal sentido, más de un discípulo, quizás más de Cristina que de Néstor, habrá festejado la inauguración del busto del riojano en la Casa Rosada, en presencia de su propia hija Zulemita y del autodefinido “primer presidente liberal libertario” por supuesto.

INAUGURACIÓN DEL BUSTO DE MENEM

Transcurrido el tiempo, hoy vale decirlo con todas las letras: un tiro en el pie, entre otros tantos del kirchnerismo. Suficientes quilombos ya tiene el peronismo, como para estar cediendo a préstamo sus próceres, aún los que gozan de mala reputación por sus errores y de poco reconocimiento por sus aciertos.

Milei hablaba de Menem como “el mejor presidente de la historia”. Más aún, tal calificativo se extendía también al hoy maldito Domingo Cavallo.

volver como farsa

Volviendo al tema, aquí asoma la conclusión obvia, el interrogante más sencillo de resolver que la tabla del dos: ¿qué duda cabe acerca del proyecto de Milei como la continuidad del menemismo, así como del programa liberal de Martínez de Hoz? Caso político cerrado.

La respuesta es de cajón. En particular, si a semejante operación de autoengaño, le agregamos la guarnición adicional de un par de miembros del clan como Martín y Eduardo “Lule” Menem, a la par de influencers como el ex vicepresidente Carlos Ruckauf y el embajador Juan Bautista “Tata” Yofre, entre otros.

Y, por si ello fuera poco, la farsesca remake de la interna menemista entre celestes y rojos punzó que enfrentó en aquél momento a los Eduardos: Bauzá y Menem versus el grupo compuesto por Alberto Kohan y Carlos Corach, entre otros.

Suficientes quilombos ya tiene el peronismo, como para estar cediendo a préstamo sus próceres.

volver como farsa

Por cierto, lo que equivale a la presente interna de guapos de X, hoy protagonizada por los karinistas Menem versus “las fuerzas del cielo” lideradas por el Gago del Kremlin. De una gota de sangre ni hablar, por si hace falta aclararlo. Hexágono de exceso de videojuegos y de series como Game of Thrones y Peaky Blinders.

Dos ojos y cuatro patas

En esa suerte del ya trillado juego nacional de las similitudes, hoy aparecen inclusive comparaciones que trascienden la aparente identidad entre el menemismo y el mileísmo.

En especial, alrededor del dólar barato como una suerte de mantra electoral infalible, una circunstancia que también gozó el kirchnerismo en 2011, el macrismo en 2017 y hasta el propio gobierno actual en 2025.

En definitiva, parece que lo único relevante es que tales animales políticos tenían dos ojos y cuatro patas en común, es decir, todos ellos eran de la misma especie. De cuál en particular poco importa. Ahí el único rasgo destacable resulta ser, de acuerdo a esa óptica, el indicador de tipo de cambio real que, llueve o truene, garantiza la victoria.

Sin embargo, aquí deviene imprescindible y urgente huir del lugar común de la comparación obvia entre animales que, más allá de algún parecido, poco tienen que ver entre ellos.

¿La mía está?

Pocos analistas escapan (y escapamos) de una vieja tentación: creer que el dólar barato es una fórmula electoral infalible, una circunstancia que los datos parecen acompañar.

Cada vez que el tipo de cambio se atrasa en años electorales, el oficialismo mejora. La correlación está ahí, pero la historia, cuando se la mira más de cerca, cuenta otra cosa.

Porque el dólar barato nunca fue solo una variable macroeconómica, sino que, sobre todo, es una experiencia social. En los años noventa, esa vivencia tenía forma concreta: cuotas, electrodomésticos, autos, viajes, shoppings llenos.

MENEM VERSUS MILEI

Es decir, el atraso cambiario no se discutía en gráficos y en embolantes programas de streaming como hoy, sino que se vivía en la calle. Había consumo, crédito y una sensación extendida de bienestar aspiracional.

Hoy la escena es distinta. El tipo de cambio puede estar nuevamente apreciado, la inflación puede desacelerarse y algunos sectores pueden mostrar dinamismo. Pero con las camionetas chinas que hoy pululan por la calle no alcanza.

Para que el dólar barato funcione políticamente, tiene que recorrer un camino más largo: transformarse en salario, en crédito, en consumo visible. En definitiva, tiene que llegar a una mayoría de los comensales del salón.

El atraso cambiario no se discutía en gráficos y en embolantes programas de streaming como hoy, sino que se vivía en la calle.

volver como farsa

Ahí aparece la diferencia clave. El modelo actual muestra signos de estabilidad y ciertos núcleos de crecimiento, energía, minería, finanzas, pero todavía no logra irradiar hacia el entramado urbano. Poniéndolo en números: el conjunto de provincias dónde el RIGI pega de lleno no concentra más que el 6% de la población argentina.

Estética sin densidad

Comercio, construcción e industria siguen fríos. Es decir, la calle no acompaña el relato macro. Por eso la comparación con los noventa resulta, por ahora, incompleta, farsesca, entre animales que apenas comparten su condición de tener dos ojos y cuatro patas.

No es el mismo pueblo. Y tal vez tampoco sea el mismo sheriff. Lo que aparece en el horizonte no es una reedición plena, sino algo más tenue: una estética noventista sin su densidad social. Restaurantes llenos en algunos corredores, consumo selectivo, burbujas de prosperidad. Ni más ni menos que lo que experimenté hace unos días en mi paso por Río Cuarto con zonas que parecen una mezcla con Manhattan. “Rihattan”: moderna, ordenada, pero acotada a la zona oeste de ese gran enclave del sur cordobés.

Para que el dólar barato funcione políticamente, tiene que recorrer un camino más largo: transformarse en salario, en crédito, en consumo visible.

volver como farsa

Como si el decorado hubiera vuelto, pero sin la multitud. La pregunta entonces no es si el dólar está barato, sino para quién. Porque las segundas partes, en economía como en el cine, no fracasan por repetir la fórmula: se malogran cuando olvidan al público.

Conmigo un peso un dólar, a modo de epílogo

“Si fuera presidente, no tocaría nada de lo que hizo Milei”. Semejante declaración de la lengua karateca Aníbal Fernández en su visita al streaming conducido por Pedro Rosemblat y Nicolás Guthmann Parece representar una saga de aquella definición central de la campaña electoral que terminaría consagrando presidente a De la Rúa en 1999.

En cierta medida, la definición del último jefe de gabinete de Cristina Kirchner viene a colación de otras expresiones de líderes del “peronismo racional”, lindo oxímoron por cierto, concentrados recientemente en un acto en Parque Norte, con el fin de bregar por un posicionamiento similar al definido por el malogrado presidente radical en aquella campaña tan recordada por el slogan “dicen que soy aburrido”.

En tal sentido, resulta muy factible que, aún Milei no reeligiendo, alguna viga central de su programa como el equilibrio fiscal o el RIGI continúe en pie, tal como lo analicé en una reciente columna en este espacio.

Sin perjuicio de ello y hablando de Menem en particular, bien vale recordar que quien mejor representaba las ideas de época en su momento, la “renovación peronista” de Antonio Cafiero, otro bello oxímoron vale decir, fue la corriente que resultó derrotada en las urnas.

Lo que aparece en el horizonte no es una reedición plena, sino algo más tenue: una estética noventista sin su densidad social.

volver como farsa

En definitiva, ello deja una gran advertencia de cara al proceso electoral en puerta, el segundo hexágono negro: ¿tendrán viabilidad electoral opositora quienes representen ideas dónde la copia se parezca demasiado al original?

O, si tomando la lección de aquella inolvidable elección, las dos falanges tendrán un rol diferenciado, es decir, la vencedora reafirmando un nítido perfil opositor y, la derrotada, una cercanía que reafirme la viabilidad gubernamental del nuevo aunque siempre anticuado peronismo.

A modo de coda, aquí conserva gran vigencia aquella definición de Perón relativa al rol que tendrá cada una de las falanges políticas en ¿solo aparente? contradicción: “los hay combativos, los hay contemplativos, los hay ortodoxos, los hay heterodoxos, pero todos trabajan por el Movimiento”.

Postdata: ¿no es de algún modo ese posicionamiento afín con el de muchos actores económicos que, con el micrófono en ON, alaban empalagosamente el programa económico de Milei, pero en OFF se están dolarizando a paso firme, como anticipando un nuevo ciclo dónde su colchón servirá mucho más que para una excursión a Aruba o al Mundial de fútbol en puerta?

(*) Publicado en El Economista el 25 de mayo de 2026.

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